Biblio.hacienda

Fase 1: Preparación

En esta fase se sientan las bases del programa mediante la identificación del público objetivo, el análisis de sus necesidades y la definición de objetivos claros. También se organizan los aspectos técnicos y operativos que guiarán el diseño y la implementación de la iniciativa.

1.1.1. Componente técnico en la fase de preparación

El componente técnico en la fase de preparación establece los fundamentos conceptuales y metodológicos sobre los cuales se construirá el programa de educación financiera. Esta etapa permite alinear los objetivos institucionales con las necesidades del público objetivo, garantizando la pertinencia, efectividad y enfoque basado en evidencia.

En esta etapa se desarrollan cuatro pasos:

  1. Se determina y caracteriza el segmento poblacional.

  2. Se realiza el diagnóstico del segmento poblacional.

  3. Se identifican las problemáticas del segmento poblacional.

  4. Se definen los objetivos del programa de educación financiera.

Cada paso, según su pertinencia, debería enriquecerse con una visión participativa que involucre a actores clave como beneficiarios, implementadores, financiadores y expertos. Este enfoque facilita alinear perspectivas, identificar vacíos de información y asegurar la coherencia entre objetivos, acciones y resultados. A continuación, se desarrollan en detalle cada uno de estos pasos.

1.1.1.1. Determinar el segmento poblacional

En esta etapa se define el grupo poblacional al cual estará dirigida la iniciativa de educación financiera. La elección del segmento suele responder a prioridades institucionales, necesidades previamente detectadas o lineamientos de organismos financiadores. Más allá de esta selección inicial, es fundamental realizar una caracterización detallada del grupo objetivo. Una vez identificado el público objetivo, es fundamental realizar un diagnóstico riguroso que permita comprender sus capacidades financieras, las barreras que enfrenta y el contexto en el que toma decisiones.

1.1.png

1.1.1.2. Diagnosticar el segmento poblacional

a) Recolección de información:

El diagnóstico debe abordar de forma integral el nivel de alfabetización financiera del grupo objetivo, sus hábitos y patrones de comportamiento, así como las brechas en el acceso y uso del sistema financiero. También debe considerar factores que afectan su inclusión, como el acceso a herramientas digitales, niveles de alfabetismo funcional y digital, además de las barreras culturales, lingüísticas o socioeconómicas.

Para el diagnóstico es recomendable combinar fuentes de información primarias y secundarias, tanto cuantitativas como cualitativas, para obtener una visión integral y contextualizada del público objetivo. Las fuentes cuantitativas permiten dimensionar comportamientos y brechas, mientras que las cualitativas aportan comprensión sobre percepciones, barreras culturales y motivaciones. Las fuentes primarias ofrecen datos actualizados y específicos del grupo meta, y las secundarias brindan contexto y aprendizajes previos.

Fuentes cuantitativas

  • Encuestas sociodemográficas nacionales
  • Encuestas nacionales e internacionales sobre alfabetización e inclusión financiera
  • Reportes desde la oferta de servicios financieros (acceso, cobertura, uso por zona)
  • Información de centrales de riesgo
  • Sondeos de opinión
  • Bases de datos internas (por ejemplo, frecuencia de uso de productos financieros)
  • Evaluaciones cuantitativas de programas de EF similares (de resultados, y/o impacto)

Fuentes cualitativas

  • Grupos focales
  • Entrevistas
  • Evaluaciones psicométricas
  • Talleres participativos
  • Análisis de quejas o comentarios de consumidores
  • Inventarios de iniciativas similares
  • Perfiles de clientes con enfoque cualitativo
  • Evaluaciones cualitativas o estudios de caso de programas de EF similares

1.2.png

b) Análisis de información

Una vez recolectada la información, se procede a su análisis con el fin de identificar patrones, barreras, necesidades financieras y oportunidades específicas. Este análisis combina datos cuantitativos y cualitativos, permitiendo comprender las percepciones, motivaciones y limitaciones del segmento poblacional.

Para enriquecer el análisis, se recomienda aplicar un enfoque interseccional que permita captar la complejidad de las realidades dentro del segmento poblacional. Considerar variables como género, edad, origen étnico y situación socioeconómica de manera integrada facilita una comprensión más profunda de las diferencias internas del grupo objetivo.

1.3.png

c) Construir arquetipos dentro del segmento poblacional

El enfoque interseccional en el análisis de información permite captar la diversidad dentro del segmento poblacional priorizado, al considerar factores como género, edad, origen étnico y situación socioeconómica. Esto facilita la construcción de arquetipos más representativos y una personalización más efectiva de las intervenciones de educación financiera durante la fase de diseño.

Aunque la construcción de arquetipos se nutre de toda la información disponible —incluyendo fuentes secundarias y datos cuantitativos—, la más relevante es la información primaria de carácter cualitativo. Esto se debe a que permite comprender en profundidad las experiencias, motivaciones, barreras y comportamientos del grupo objetivo desde su propia perspectiva. Las entrevistas, grupos focales y observaciones directas ofrecen insumos clave para humanizar los datos, identificar patrones significativos y construir representaciones que reflejen la realidad vivida por los distintos subgrupos dentro del segmento poblacional.

1.4.png

1.1.1.3. Identificar de las problemáticas del segmento poblacional

Una vez concluido el diagnóstico, la información recopilada y analizada se convierte en un insumo fundamental para identificar las principales problemáticas que enfrenta la población objetivo y sus diferentes arquetipos en relación con el propósito central de la iniciativa de educación financiera. Para identificar dichas problemáticas existen diversas herramientas analíticas, una de las más utilizadas es el árbol de problemas.

1.5.png

El diagnóstico permite identificar y analizar las causas que originan la problemática central, a partir de información empírica y evidencia relevante. Una vez determinadas dichas causas, es posible definir con mayor precisión el problema central que se busca abordar. Finalmente, a partir del problema central se pueden construir las causas apoyándose en la revisión de investigaciones existentes de programas similares. Con base en ello, se puede establecer una cadena lógica que relacione causas, problema y efectos.

1.6.png

1.1.1.4. Definir los objetivos del programa

Una vez identificado el problema central junto con sus causas y efectos, el siguiente paso lógico es traducirlos en los objetivos de la intervención: el problema central se convierte en el objetivo general del programa, mientras que las causas se transforman en objetivos específicos que abordan directamente los factores que originan la situación. Los objetivos deben describir con claridad los cambios esperados en la población objetivo, a quién se dirigen. Asimismo, la definición de los objetivos debe tener en cuenta las prioridades institucionales.

Para asegurar la calidad de los objetivos, se recomienda que cada uno esté vinculado a metas formuladas bajo los criterios de la metodología SMART. Asimismo, cada meta debe contar con un indicador medible en el tiempo, ya sea a través de encuestas nacionales o locales existentes, o mediante instrumentos desarrollados por el equipo de la iniciativa para recopilar información durante su implementación. Estos elementos son clave tanto para guiar la ejecución como para construir un sistema de monitoreo y evaluación sólido, que permita valorar el impacto del programa con base en evidencia.

1.7.png

El cumplimiento de estos criterios facilita el monitoreo de la iniciativa, así como la evaluación de sus resultados e impacto.

1.8.png

Al final de esta fase, se debe elaborar un documento técnico que consolide la información obtenida en esta fase. Este debe incluir, al menos: el análisis de la evidencia recopilada, la caracterización de la población objetivo, la formulación de los objetivos del programa y la definición de su cobertura o alcance.

1.1.2. Componente operativo en la fase de preparación

El componente operativo en la fase de preparación traduce las decisiones técnicas en un plan de acción concreto, factible y alineado con la capacidad institucional. Su propósito es asegurar que el diseño del programa de educación financiera sea tanto pertinente desde lo técnico como viable en términos administrativos, logísticos y financieros. A continuación, se presentan los pasos operativos que guían esta etapa.

1.1.2.1. Identificación e invitación a actores clave

Como paso inicial, se identifican los actores relevantes para la implementación del programa —beneficiarias potenciales, implementadores locales, financiadores, aliados técnicos y expertos en género o inclusión financiera— y se les informa o invita a participar, según su rol, en procesos clave del diseño. Su involucramiento temprano permite recoger perspectivas diversas, construir consensos, validar supuestos y asegurar una implementación más coordinada.

1.1.2.2. Definición del alcance operativo del programa

Se establece el marco general de la intervención: partiendo de la población objetivo definida, los objetivos y el presupuesto, se define la cobertura geográfica, número estimado de beneficiarias y una duración máxima prevista. Esto permite anticipar las necesidades de recursos humanos, técnicos y financieros y proyectar la escala del programa de forma realista.

1.1.2.3. Definición de roles y responsabilidades

Es fundamental establecer desde esta fase una estructura de gobernanza clara: ¿quién lidera, ¿quién coordina?, ¿quién ejecuta? Esto incluye definir el equipo núcleo del programa, los enlaces territoriales (si aplica), y los mecanismos de coordinación entre áreas técnicas, operativas y aliadas.

1.1.2.4. Estrategia de alianzas y articulación institucional:

Es fundamental identificar y activar alianzas estratégicas con entidades públicas, privadas, organizaciones no gubernamentales (ONG), gremios y otros actores relevantes del ecosistema local que puedan contribuir con recursos, conocimientos especializados o canales de implementación. Estas alianzas no solo fortalecen la sostenibilidad del programa, sino que amplían su alcance e impacto. En particular, para la ejecución del Plan de Monitoreo y Evaluación (M&E), se requiere una coordinación operativa eficaz con las instituciones aliadas definidas, como universidades, centros de investigación o firmas de consultoría, asegurando una ejecución técnica rigurosa y alineada con los objetivos del programa.

1.9.png

2026 | Ministerio de Hacienda