1. Evolución del salario mínimo en Chile de 1990 a 2025
La legislación chilena establece un salario mínimo único para todos los trabajadores del país y de carácter obligatorio para toda relación laboral que involucre trabajadores entre 18 y 65 años, independientemente del tipo de empresa, sector económico, o región en que se desempeñen. El salario mínimo se fija como un monto mensual, bajo el supuesto de una jornada completa. En el caso de empleos a tiempo parcial, el monto se ajusta proporcionalmente a las horas trabajadas. Esta sección describe los principales hitos de esta evolución, la posición relativa de Chile en el contexto internacional y los cambios normativos recientes que han acompañado la política de salario mínimo.
Una trayectoria de crecimiento sostenido desde 1990

Las variaciones del salario mínimo para los años analizados en este estudio se presentan en la Figura 1. Un primer hecho destacable es que el salario mínimo real viene creciendo de manera sostenida desde 1990. Entre enero de 1990 y diciembre de 2025, el salario mínimo real se multiplicó por cuatro, creciendo en promedio alrededor de 4,1% anual. En el periodo 2023-2025 (Figura 2) se observa que el crecimiento anual promedio del salario mínimo real fue superior a la media del periodo alcanzando un 6,9%, el mayor incremento registrado en más de dos décadas, pero inferior a los crecimientos reales que ocurrieron en el periodo 1999-2001.

La creciente relevancia del salario mínimo en la estructura salarial chilena
Más allá de los incrementos en el poder adquisitivo del salario mínimo, resulta clave analizar cómo esta política ha evolucionado en relación con la estructura salarial de la economía chilena. Para ello, es necesario comparar la trayectoria del salario mínimo con métricas de referencia que reflejen la evolución de los ingresos laborales y del nivel de actividad. La Figura 3 presenta la evolución del salario mínimo real, el PIB per cápita y el PIB por trabajador en el período 1990-2025.
Desde una perspectiva histórica de mediano plazo, el crecimiento real del salario mínimo acompañó de cerca la evolución del PIB per cápita desde comienzos de la década de 1990 hasta aproximadamente 2015.1 Durante ese período, los incrementos reales del salario mínimo fueron, en promedio, similares al crecimiento del PIB per cápita, con episodios en los que el salario mínimo creció ligeramente por encima de esta referencia y otros en los que lo hizo por debajo. En consecuencia, la razón entre el salario mínimo anual y el PIB per cápita se mantuvo relativamente estable en torno a 45%, con fluctuaciones entre 40,8% y 48%.
Sin embargo, a partir de 2015 se observa una divergencia progresiva entre ambas trayectorias. Desde ese momento, los aumentos reales del salario mínimo superan de manera sistemática el crecimiento del PIB per cápita, una brecha que se amplía significativamente en los años más recientes, particularmente desde 2023. Como resultado, la razón salario mínimo/PIB per cápita aumenta hasta alcanzar aproximadamente 56,4% en 2024, reflejando una aceleración sustantiva en el ritmo de ajuste del salario mínimo respecto del crecimiento promedio de la economía. Si comparamos la evolución del valor real del salario mínimo con la del PIB por trabajador, se observa una divergencia más temprano, aproximadamente desde el 2005.

Esta divergencia observada durante la última década se refleja también en la evolución de la razón entre el salario mínimo y el salario promedio, una de las métricas estándar utilizadas para evaluar el grado de incidencia del salario mínimo sobre la distribución salarial. La Figura 4 muestra este indicador utilizando información de los ingresos laborales formales y totales provenientes de la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) para el período 2013–2024, así como registros administrativos de la Base del Seguro de Cesantía (BSC) para el período 2010–2025.
A partir de 2015, y en especial a partir del 2023, este indicador presenta un aumento sostenido, consistente con un salario mínimo crecientemente vinculante en el mercado laboral. Según la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI), la razón entre el salario mínimo y el salario promedio de los trabajadores formales en edad prime (18–55 años) se incrementó desde aproximadamente 0,40 en 2015 hasta 0,51 en 2024. Cuando se consideran los ingresos laborales de todos los trabajadores en edad prime, incluyendo a los trabajadores informales, la tendencia es similar, con un aumento de la razón desde 0,425 hasta 0,55.

Un patrón consistente emerge a partir de los registros administrativos del seguro de cesantía, que capturan exclusivamente los ingresos de los trabajadores asalariados formales privados. En este caso, tras una disminución de la razón salario mínimo/salario promedio durante el período 2010–2013, se observa un cambio de tendencia a partir de 2015, con un incremento que lleva este indicador desde aproximadamente 0,35 hasta 0,40 entre 2015 y 2025.
El salario mínimo y su impacto en la distribución de salarios de Chile
Una de las características más claras del impacto del salario mínimo es su capacidad para alterar la distribución de ingresos que emergería en ausencia de esta regulación. La Figura 5 presenta la distribución salarial construida a partir de los registros administrativos del seguro de cesantía para marzo de 2025, considerando a los trabajadores formales entre 18 y 55 años.

De esta distribución surgen varios hechos relevantes. En primer lugar, alrededor del 13% de los trabajadores tienen ingresos inferiores al salario mínimo. Este fenómeno se explica principalmente por la presencia de contratos de jornada parcial o por contratos iniciados durante el mes de referencia, que no reflejan ingresos correspondientes a un mes completo de trabajo.
En segundo lugar, la distribución exhibe dos picos claramente definidos que reflejan el efecto del salario mínimo sobre los ingresos laborales. Aproximadamente un 3.5% de los trabajadores percibe exactamente el salario mínimo, mientras que cerca de un 5.7% se concentra en torno a un nivel equivalente al 125% del salario mínimo. Este segundo punto es particularmente relevante, ya que —como ha sido documentado previamente en la literatura—el nivel correspondiente al 125% del salario mínimo opera como un punto de referencia salarial importante en el mercado laboral chileno. Ello se debe a que muchas empresas ajustan las remuneraciones considerando gratificaciones legales equivalentes al 25% del salario base.3 Como consecuencia, alrededor de tres de cada diez trabajadores formales perciben ingresos iguales o inferiores al 125% del salario mínimo.
El salario mínimo impacta de manera sustantiva la forma de la distribución salarial en comunas con niveles de ingreso relativamente bajos, donde éste tiene mayor incidencia. La Figura 6 ilustra este fenómeno a través de la comparación entre dos comunas representativas: Vitacura (panel derecho), de altos ingresos, y Arica (panel izquierdo), de ingresos medios-bajos. Ambas cuentan con más de 10.000 trabajadores formales, lo que permite comparar distribuciones bien definidas. En Vitacura, menos del 20% de los trabajadores percibe salarios iguales o inferiores al 125% del salario mínimo (SM+25%), mientras que en Arica esta proporción se aproxima al 50%.

La diferencia en la forma de las distribuciones es notable. En Vitacura, los salarios se distribuyen de manera amplia y continua, con percentiles bien diferenciados a lo largo de toda la escala salarial. En cambio, en Arica, la parte baja de la distribución aparece fuertemente comprimida: los percentiles 20 y 30 prácticamente coinciden, al igual que los percentiles 40 y 50 (la mediana). Esta coincidencia sugiere una concentración anormal de trabajadores en torno al salario mínimo (donde se ubican los percentiles 20 y 30) y al 125% del salario mínimo, donde se concentran los siguientes percentiles inmediatos.
Esta compresión en la base de la distribución constituye una manifestación clara del efecto del salario mínimo sobre los salarios formales. En las regiones o comunas de menores ingresos, donde el salario mínimo representa una fracción mayor del salario mediano, este actúa como un piso que reduce la dispersión salarial. En contraste, en las comunas de mayores ingresos, donde el salario mínimo se sitúa por debajo de los salarios prevalentes, su influencia es limitada y la distribución permanece amplia.
El salario mínimo no afecta a todos los trabajadores por igual Naturalmente, el salario mínimo no afecta a todos los trabajadores de manera homogénea. Su impacto depende del contexto en el que opera, incluyendo el nivel salarial prevalente en cada territorio, el salario promedio del sector económico, las características de las firmas y el perfil de los trabajadores. En mercados laborales donde los salarios se concentran en torno al umbral del salario mínimo, esta política actúa como un piso efectivo para una fracción significativa de los trabajadores; en cambio, en contextos de mayores ingresos, su influencia es más limitada.
Esta heterogeneidad en el grado de “exposición” al salario mínimo constituye un elemento central para el análisis causal de sus efectos. La Tabla 1 presenta la razón entre el salario mínimo y el salario promedio, desagregada por género, grupos etarios, nivel educativo, sector económico, y tamaño de empresa. Como se observa, el salario mínimo representa una fracción considerablemente más alta del salario promedio para las mujeres, los trabajadores con menor nivel educativo, y aquellos empleados en sectores intensivos en mano de obra de baja calificación —como el servicio doméstico para los hogares, así como la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca—, además de los trabajadores más jóvenes. Por el contrario, su peso relativo es sustancialmente menor en segmentos caracterizados por mayores niveles de calificación y productividad. Las diferencias documentadas en la Tabla 1 reflejan la amplia variabilidad en la denominada “mordida” del salario mínimo a lo largo del mercado laboral chileno. Esta variabilidad constituye la principal fuente de variación explotada en los ejercicios empíricos que se presentan en este informe, orientados a estimar los efectos de la política de salario mínimo sobre salarios y empleo.
Un nivel intermedio del salario mínimo en el contexto internacional
Relativo al contexto internacional, la relación entre el salario mínimo chileno y el ingreso promedio sitúa a Chile en una posición intermedia dentro de la muestra de países de América Latina y el Caribe y de la OCDE. En 2024, el salario mínimo chileno representaba el 49% del salario promedio, ligeramente por encima del promedio observado en los países de la OCDE no pertenecientes a América Latina y el Caribe el cual asciende a 42%. Asimismo, este indicador se sitúa significativamente por debajo del promedio de varios países seleccionados de la región (70%). En la comparación regional, Chile se ubica en la mitad de la distribución por debajo de los valores más altos observados en países como Ecuador, Guatemala, El Salvador, Colombia y Costa Rica.

Consistente con la evidencia presentada anteriormente, la Figura 7 muestra que, entre 2000 y 2024, la “mordida” del salario mínimo en Chile aumentó de 0,39 a 0,49, de acuerdo con la data de la OECD. Pese a este incremento, el país se mantiene en una posición intermedia en el contexto internacional, ya que tanto los países de la OCDE como los de América Latina y el Caribe también han incrementado de manera generalizada el salario mínimo relativo al salario promedio durante el mismo período, limitando así cambios significativos en la posición relativa de Chile.
En síntesis, el salario mínimo real en Chile ha seguido una trayectoria de aumento sostenido, en relación con el salario promedio, desde comienzos de la década de 1990, con una aceleración particularmente a partir del 2015, y sobre todo a partir del 2023. Estos incrementos se han dado en paralelo a aumentos iguales o mayores en la mayoría de los países de la región, situando a Chile por encima del promedio de los países OCDE no pertenecientes a América Latina y el Caribe, pero en una posición intermedia al considerar el conjunto de países de la OECD y América Latina y el Caribe.
