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2. Efectos esperados del Salario Mínimo: Una breve revisión de la literatura teórica y empírica

Esta sección presenta una síntesis muy breve de los principales mecanismos teóricos a través de los cuales el salario mínimo afecta los salarios, el empleo y la composición del empleo, así como una revisión de la literatura empírica reciente sobre salarios mínimos en Chile, América Latina y países más avanzados.5

Salario mínimo y sus impactos teóricos sobre salarios, desigualdad, empleo y composición del trabajo

Desde un punto de vista teórico, el salario mínimo actúa como un piso salarial que eleva mecánicamente los ingresos de los trabajadores ubicados en la parte baja de la distribución salarial, al establecer un umbral legal por debajo del cual no pueden pactarse remuneraciones en el mercado formal. Este mecanismo, en la medida en que el salario mínimo sea efectivamente cumplido, incrementa directamente los salarios de los trabajadores que previamente se encontraban por debajo o cerca de dicho umbral y reduce la dispersión salarial al comprimir la cola inferior de la distribución de salarios.

La preocupación tradicional es que este incremento salarial tenga efectos negativos sobre el empleo. Desde el punto de vista teórico, dichos efectos dependen críticamente de la estructura del mercado laboral y del grado de fricciones y poder de mercado presentes. En el modelo competitivo neoclásico, un salario mínimo fijado por encima del salario de equilibrio genera un exceso de oferta de trabajo y una reducción del empleo (Stigler, 1946). Sin embargo, esta predicción se atenúa o incluso se revierte en presencia de fricciones de búsqueda, información imperfecta (Flinn, 2006) o poder de mercado de las firmas en el mercado laboral (Manning, 2003). En particular, en modelos de poder de mercado de las firmas en el mercado de trabajo (poder de monopsonio), un salario mínimo moderado puede aumentar el empleo al corregir la subcontratación derivada del poder de mercado de los empleadores.

Desde una perspectiva distributiva, la teoría predice que el salario mínimo tiende a reducir la desigualdad salarial, aunque el mecanismo subyacente puede variar. En modelos competitivos, el salario mínimo elimina los salarios más bajos, comprimiendo la distribución salarial entre quienes permanecen empleados y reduciendo la brecha salarial. En modelos con fricciones o monopsonio, el salario mínimo puede además elevar simultáneamente los salarios y, en algunos casos, el empleo, mejorando la situación de los trabajadores de menores ingresos. En ambos escenarios —ya sea que el ajuste ocurra principalmente a través de aumentos salariales o mediante cambios en el empleo— el resultado común es una menor dispersión salarial entre los trabajadores ocupados, aunque con efectos potencialmente distintos sobre el empleo total.

La teoría también enfatiza que el salario mínimo puede afectar a trabajadores con ingresos muy por encima del salario mínimo. La presencia de efectos de desborde o “spillovers” salariales se explica teóricamente por mecanismos como los salarios de eficiencia (Akerlof & Yellen, 1986), la compresión de las estructuras de pago internas y los procesos de negociación implícita dentro de las firmas. Este mecanismo puede reforzar la reducción de la desigualdad salarial y, potencialmente, de la desigualdad de ingresos laborales agregados.

Más allá de los efectos de corto plazo sobre salarios y empleo, la teoría enfatiza que el salario mínimo puede inducir cambios en la composición del empleo y en la estructura productiva. En modelos con empresas heterogéneas, un salario mínimo más alto eleva el umbral de productividad necesario para operar, incentivando la reasignación del empleo desde firmas menos productivas hacia firmas más productivas (cleansing effect), lo que puede aumentar la productividad agregada en el largo plazo (Melitz, 2003; Restuccia & Rogerson, 2008). Asimismo, al encarecer relativamente la mano de obra poco calificada, el salario mínimo puede acelerar la sustitución de trabajo por capital y la adopción de tecnologías ahorradoras de trabajo, particularmente en contextos de rápido progreso tecnológico (Acemoglu & Restrepo, 2020).

Estos mecanismos hacen que el ajuste al salario mínimo se refleje principalmente en cambios en la composición del empleo —por nivel de calificación, tipo de contrato o tamaño de empresa— más que en variaciones persistentes del empleo agregado. La magnitud y dirección de estos efectos dependen de la flexibilidad del mercado laboral, de la estructura de los costos no salariales y de la capacidad de las firmas para innovar y reorganizar sus procesos productivos.

Con todo, el impacto del salario mínimo sobre el empleo (tanto en nivel como composición) es, en última instancia, una cuestión empírica, que depende del nivel relativo del salario mínimo (bite), del ritmo de ajuste y de las condiciones macroeconómicas en las que se implementa la política.

¿Qué nos dice la literatura empírica sobre los efectos del salario mínimo?

La evidencia empírica muestra de forma consistente que los aumentos del salario mínimo elevan los ingresos de los trabajadores de menores remuneraciones, con efectos de arrastre hacia segmentos salariales cercanos al umbral legal. La evidencia internacional proveniente de economías avanzadas (Cengiz, Dube, Lindner, & Zipperer, 2019; Dube, 2019; Dustmann, Lindner, Schönberg, Umkehrer, & vom Berge, 2022; Hijzen, Montenegro, & Pessoa, 2026) documentan incrementos sustanciales en los salarios bajos y reducciones en la dispersión salarial sin perjuicio relevante sobre el empleo. En América Latina, la evidencia empírica sobre compresión salarial es igualmente robusta (Bosch & Manacorda, 2010; Maurizio & Vázquez, 2016; Broecke, Forti, & Vandeweyer, 2017; Engbom & Moser, 2022; Bergolo, Ceni, Fondo, & Vergara, 2025), y muestra, además, la presencia de efectos faro (lighthouse effects) o igualadores sobre la distribución salarial de los trabajadores en el sector informal (Lemos, 2009; Lombardo, Ramírez-Leira, & Gasparini, 2022). Derenoncourt et al. (2025) analizan el impacto de los aumentos del salario mínimo sobre la informalidad en Brasil y muestran que existe un traspaso casi completo del salario mínimo hacia trabajadores informales empleados en firmas formales.

En Chile, estudios basados en datos administrativos confirman que el salario mínimo actúa como un piso efectivo de remuneraciones, con niveles de cumplimiento cercanos a la totalidad y efectos redistributivos hacia tramos salariales inmediatamente superiores (Grau, Miranda, & Puentes, 2018; Gómez & Salinas, 2025). Estos efectos se concentran principalmente en trabajadores de entre 18 y 45 años, con bajo nivel educativo, y en sectores intensivos en mano de obra poco calificada como la agricultura, el comercio y la manufactura (Castex, 2012). Asimismo, la evidencia empírica muestra que dichos efectos son particularmente relevantes en empresas de menor tamaño, donde la proporción de trabajadores que perciben el salario mínimo es significativamente mayor (Abud, Cases, Fuentes, & Vergara, 2022; Albagli, y otros, 2024). La Dirección del Trabajo (Gómez & Salinas, 2025) documenta, además, que los últimos reajustes (2022–2024) generaron spillovers detectables hasta un 20% por encima del umbral del salario mínimo, sin distorsiones relevantes en la estructura del empleo. En conjunto, la literatura sugiere que los aumentos del salario mínimo en Chile y en la región cumplen efectivamente un rol redistributivo, beneficiando de forma directa a trabajadores jóvenes y de baja calificación, contribuyendo así a la reducción de la desigualdad salarial. Es pertinente mencionar que Alviarez, Busso, Keefer, Santos, & Stucchi (2025) encuentran que los empleadores chilenos tienen un alto poder monopsónico.

Algunos estudios identifican efectos negativos sobre el empleo; sin embargo, en promedio, estos resultan pequeños o estadísticamente nulos, tanto en el corto como en el mediano plazo, incluso cuando los incrementos del salario mínimo son sustantivos en términos reales. Un metaanálisis (Dube & Zipperer, 2024) muestra que la mayoría de los estudios hasta la fecha sugieren un impacto relativamente modesto del salario mínimo sobre el empleo: la estimación mediana de la elasticidad del empleo en salarios en 88 estudios publicados en revistas académicas es de −0,13, lo que implica que solo alrededor del 13% de las ganancias potenciales de ingresos derivadas de aumentos del salario mínimo se verían compensadas por pérdidas de empleo asociadas. Las estimaciones publicadas desde 2010 tienden a ser aún más cercanas a cero.

La evidencia cuasiexperimental para economías desarrolladas (Cengiz, Dube, Lindner, & Zipperer, 2019; Dube & Lindner, Minimum Wages in the 21st Century, 2024; Hijzen, Montenegro, & Pessoa, 2026; Cengiz, Dube, Lindner, & Zipperer, 2019) y emergentes (Broecke, Forti, & Vandeweyer, 2017; Wong, 2019; Neumark & Munguía Corella, 2021) converge en que las pérdidas de empleo—cuando existen—se concentran en los sectores transables, así como en grupos vulnerables, tales como mujeres, trabajadores jóvenes, personal con baja experiencia laboral y con contratos temporales. En América Latina, las estimaciones apuntan a efectos nulos y muy acotados sobre el empleo formal y, en algunos casos, a incrementos de la formalización durante ciclos de expansión (Maurizio & Vázquez, 2016; Lombardo, Ramírez-Leira, & Gasparini, 2022; González-Pampillón & Vázquez-Grenno, 2025; Derenoncourt , Gerard, Lagos, & Montialoux, 2025).

No obstante, en países como Honduras y Colombia, donde los salarios mínimos son particularmente elevados y los empleadores cumplen parcialmente con las leyes del salario mínimo y responden a los aumentos legales con incrementos en su nivel de incumplimiento, se han identificado efectos negativos considerables en el empleo formal e incrementos en el empleo informal (Ham, 2018; Pérez, 2020; Arango, Flórez, Guerrero, & Morales-Rojas, 2020). En Chile, los estudios empíricos encuentran resultados consistentes: ni Castex (2012) ni Grau, Miranda, & Puentes (2018) hallan caídas significativas en el empleo formal tras aumentos del salario mínimo.

En suma, el consenso empírico para Chile y la región, con excepción de Colombia y Honduras, indica que los aumentos moderados y graduales del salario mínimo elevan los salarios reales con impactos agregados relativamente acotados sobre el empleo, al menos cuando los aumentos parten de un nivel del salario mínimo bajo para los estándares latinoamericanos como en el caso de Uruguay, Brasil o México.

En el largo plazo, los ajustes del salario mínimo pueden inducir cambios en la composición del empleo, en la relación capital-trabajo y en la productividad agregada, más que efectos directos sobre los niveles de empleo. La literatura internacional documenta que el aumento de los costos laborales puede impulsar procesos de reasignación hacia firmas más productivas y fomentar la automatización (Dustmann, Lindner, Schönberg, Umkehrer, & vom Berge, 2022; Hémous, Olsen, Zanella, & Dechezlepretre, 2025). En Chile, la evidencia sugiere que los incrementos del salario mínimo, combinados con altos costos de despido, pueden reducir la productividad total de los factores (TFP) en industrias intensivas en trabajo no calificado debido a fricciones de ajuste (Álvarez & Fuentes, 2018) . Al mismo tiempo, el modelo estructural de Navarro y Tejada (2022) muestra que el sector público atenúa las pérdidas de bienestar derivadas de un salario mínimo más alto, pero a costa de menor eficiencia en el sector privado (Navarro & Tejada, 2022). En conjunto, la evidencia indica que los efectos de largo plazo del salario mínimo sobre la productividad y la estructura productiva son moderados y dependen del grado de rigidez laboral, del tamaño de las firmas y de la capacidad de innovación tecnológica.

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